Sobre mí
Gonzalo
En el centro de Logroño, donde las calles huelen a vino temprano y las conversaciones se tejen entre sorbos y tapas, hay un peluquero. No cualquier peluquero, sino uno que corta el cabello como quien escucha secretos: con atención, discreción y un toque de magia.
Gonzalo, no solo maneja tijeras y navajas con la destreza de un cirujano. No. Lo suyo es más profundo. Es un archivo de historias, de chistes, mientras excava entre tu cabello para descubrir quién eres, o más interesante aún, quién pretendes ser.
Su local es pequeño, un tanto claustrofóbico, si no fuera por las historias que lo llenan de aire y espacio. Las paredes, adornadas con carteles de Mindfulness, son una parte de lo que es el.
Gonzalo, con su bata siempre impecablemente blanca y ese aire bohemio, posee la experiencia de los que han visto de todo sin moverse de su silla.
Aquí, en esta silla, te sientas no solo a cambiar de look, sino a compartir. Porque Gonzalo, con cada corte, pregunta, escarba, ríe, ríe mucho y, a veces, hasta aconseja. “La vida es como un corte de pelo”, dice mientras pasa la máquina por un lado, “a veces hay que cortar lo que sobra para ver lo bueno”.
No es raro ver entrar a alguien agobiado por la vida y salir con una sonrisa, ligero, no solo de cabello sino de pesares. Gonzalo tiene ese don, transforma sin que te des cuenta, y cuando sales por la puerta, algo en ti ha cambiado.
Pero no te equivoques, no es un santo. Es un vendedor, de los buenos. De esos que saben que el negocio más rentable es hacer que la gente quiera volver. Y vaya si volvemos.
En Logroño, hay muchos peluqueros, pero solo uno como él. Y si alguna vez pasas por allí y necesitas un corte de pelo, o quizás solo alguien que escuche, ya sabes dónde ir.
Solo recuerda, lo que pasa en la peluquería, se queda en la peluquería.
